sábado, 11 de enero de 2014

LLEGAN LAS LUMBRES DE SAN ANTÓN, SE ACABAN LAS NAVIDADES

Ya lo dice la tradición, "de Santa Lucía a San Antón, pascuas son", y en nuestra tierra lo celebramos (tanto el comienzo de la navidad como el final) con las tradicionales lumbres u hogueras nocturnas la víspera de la onomástica de estos santos que inundan de olores a leña, romero, tomillo y sabina, la fría noche moliniqueña.

Tradicionalmente, la celebración sería la noche del 16 de enero, pero al caer ésta en jueves, muchos vecinos retrasaran la celebración a la noche del 17, día de San Antón.

La historia de esta tradición tan nuestra se remonta a los ancestrales ritos paganos de las hogueras que ahuyentaban los malos espíritus del ganado y de los animales domésticos, evitándoles enfermedades y plagas. También adquirió importancia el carácter triunfante sobre la herejía que caracterizaba la identidad de San Antonio, en una tierra cuyas fronteras estaban siendo permanentemente acosadas por los infieles musulmanes.

La festividad de San Antonio Abad llegaría a la zona sur de Albacete hacia el siglo XIII, seguramente con los nuevos habitantes que vinieron durante el periodo de la repoblación castellana, influenciados estos por la devoción que se le profesaba al santo en Francia y en el centro de Europa, consolidándose dicha festividad en el siglo XIX por el impulso de los ganaderos.

Como en otros lugares de España y de la Europa medieval, era costumbre en muchos lugares quemar los restos de las podas que habían quedado después de finalizar las tareas agrícolas del invierno. En Molinicos se hacían fuegos rituales con el “ramón” de olivo, enseres viejos que habían quedado inservibles para la faena, o leña propia de los hogares o de las zonas circundantes a la vivienda, y el fuego servía para cenar en una agradable velada al calor de la lumbre, muy necesaria en los fríos inviernos serranos.