lunes, 14 de octubre de 2013

AMANECE QUE NO ES POCO, ELEGIDA COMO LA MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA DE LOS ÚLTIMOS 60 AÑOS YA TIENE LIBRO

El filme Amanece que no es poco (1988), de José Luis Cuerda, rodada en Molinicos, Aýna y Liétor ha sido la mejor película española de los últimos sesenta años según una encuesta que ha promovido, a través de una red social, la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Este largometraje, una reflexión en clave surrealista sobre la sociedad española del último tercio del siglo XX, reunió en un mismo elenco a algunos de los mejores actores del momento como Aurora Bautista, María Isbert, Rafael Alonso, Manuel Alexandre, Cassen y José Sazatornil. Por detrás de Amanece que no es poco, las preferencias de los encuestados se han decantado por Los santos inocentes (1984), de Mario Camus y basada en la novela del mismo nombre de Miguel Delibes, y por Plácido (1961), de Luis García Berlanga, según fuentes del festival de cine de Valladolid.

Durante el rodaje de Amanece, que no es poco (1988), emblemática película de José Luis Cuerda que ahora cumple 25 años, un albaceteño fuera de sí estuvo a punto de acabar a tiros con la flor y la nata de la cinematografía patria. Escuchen: "Uno de los días que rodábamos en la plaza de Molinicos parece ser que apareció por los alrededores un señor mayor con una escopeta del doce. Puede que fuera una Sarasqueta como la que usaba mi abuelo o una Krupp como la de mi padre. La Guardia Civil, que lo vio con semejante armamento, le preguntó que a dónde iba. 'A pegarle un tiro a los del cine, que me tienen harto'. Lo mandaron recoger velas y que se fuera a su casa. Y así lo hizo el hombre con mucha conformidad. No me extraña que nos quisiera pegar un tiro. Un rodaje es un follón insoportable ".

Luis Ciges y Antonio Resines
por la calle Molinos de Molinicos
Lo recuerda José Luis Cuerda en Amanece, que no es poco, libro editado por Pepitas de Calabaza que recoge el guión original y otros escritos de una de las cintas más marcianas y aclamadas de la historia del cine español. Un hito del humor absurdo cañí. "El lector encontrará un documento fundacional titulado Ab urbe condita y que no es otra cosa que el jugosísimo proyecto original de Amanece, que no es poco. Se trata de un texto que Cuerda redactó allá por el año 1984 como punto de partida de una serie de televisión —sí,Amanece, que no es poco iba a ser originalmente una serie—, y que no tiene ni una sola letra de desperdicio. Tras Ab urbe condita decidimos editar el guión original y no el final, con el convencimiento de que va a producir más disfrute en el lector, y para que este calibre lo que la película podría haber sido, a la par de lo que es", aclara el editor Julián Lacalle.

Lo que es, precisamente, no resulta fácil de explicar. La sinopsis diría que se trata de un filme sobre un joven ingeniero español (Antonio Resines), profesor de la Universidad de Oklahoma, que vuelve a España y disfruta de un año sabático con su padre (Luis Ciges). Padre e hijo se compran una moto con sidecar y llegan a un pueblo perdido de Albacete. Hasta aquí todo normal.Lo extraño surge en cuanto se explica la organización social del lugar. La Guardia Civil se encarga de que los alcohólicos beban cantidades industriales de sus bebidas favoritas. El pueblo celebra elecciones generales cada doces meses en los que se vota al alcalde, pero también al cura, al maestro y a la puta. Para colmo la localidad parece haber sido invadida por una multitud ingobernable de estudiantes estadounidenses, meteorólogos belgas y disidentes de los Coros del Ejército Ruso... Por no hablar de los hombres que brotan de la tierra cual geranios. Y así hasta completar un largo etcétera de situaciones disparatadas contadas en estricta clave realista.

José Luis Cuerda explica en el extenso prólogo del libro algunas de las claves de esta obra maestra del surrealismo cañí. O mejor dicho: del "subruralismo", en afortunadas palabras del poeta italiano Gianni Toti sobreTotal (1983), telefilme de Cuerda que anticipó el delirio de Amanece, que no es poco, viaje al Albacete profundo en busca de la esencia del absurdo español. "Amanece que no es poco es el compendio de muchos asuntos sobre los que vale la pena reflexionar y, burla burlando, reírnos de ellos.Nunca me reiría de la España rural, pero me he reído mucho con la España rural, con la gente del campo y sus ocurrencias. Su sana predisposición a reírse de sí mismos o, si toca, del forastero", escribe el director.

No obstante, Cuerda parece quedarse sin palabras cuando trata de explicar el culto a un filme cuyo mito crece y crece sin que nadie sea capaz de detenerlo. "Me provoca perplejidad. También me alaga, aunque soy incapaz de explicar las causa del mito... Igual tiene que ver con que la película contrasta con el tipo de cine que se hace ahora, que resulta muy mecánico, lo que explicaría que cada vez más jóvenes se acerquen a Amanece", explica Cuerda vía telefónica desde Galicia, donde se encuentra vendimiando.
Rafael Alonso y Fedra Lorente en la Plaza Mayor de
 Molinicos en la escena del Flashback

No obstante, como toda buena obra de culto, Amanece, que no es pocofue recibida con escepticismo cuando se estrenó. Con comentarios del tipo 'esto no tiene ni pies ni cabeza'. "Muchos de mi generación me dijeron que menuda chorrada que había rodado. Ni un crítico salvo la película. Recuerdo incluso a una señora en la cola del cine diciéndole a la gente que no se metiera a ver aquella tontería", rememora.

Cuerda no sólo se libró de ser tiroteado durante el rodaje, sino también de ser arrojado al pilón por los albaceteños el día del estreno del filme. Le salvó la enfermedad. "Me quedé en Madrid, en la cama, hepatítico perdido. Tiempo después me enteré que algunos de los habitantes de Ayna, Liétor y Molinicos, participantes o no en el rodaje, salieron de la proyección enfurruñados y pensando, incluso, que les había tomado el pelo". Y eso pese a que antes de la proyección se leyó una carta de Cuerda, reproducida en el libro, advirtiendo a los lugareños que la película tenía tomate: "No quiero terminar sin hacer una advertencia: decía que la película ha quedado una miaja borde. Ya sé que habrá quienes hubiesen preferido un regalo más azucarado por mi parte. Pero es que uno es como es, y lo que es peor, no le parece mal serlo... A mí me hubiese dado mucha vergüenza venir aquí a Albacete, a rodar algo falso, blando, indiferente; he hecho lo que mejor he creído, como mejor he sabido hacerlo".

Cuerda zanja ahora con humor su ausencia en el estreno albaceteño para ser sacrificado por sus compatriotas: "No pude dar la cara. Siempre me ha parecido indispensable que el que la ha dirigido, 'el culpable', se preste a cualquier requerimiento de cualquier espectador que haya gastado su dinero y su tiempo en ver la película. Nadie nos pide que las hagamos, nadie las necesita. Es una osadía por nuestra parte creer que lo que hemos hecho vale la pena —a veces literal lo de la pena— para quien invierte tiempo y dinero en verlo y oírlo. Yo también soy espectador y me pongo física y mentalmente en su lugar. Más de una vez me gustaría tener al alcance de mis berridos a los perpetradores de lo que acabo de ver".

Lo que Cuerda perpetró en Amanece que no es poco no fue otra cosa que la voladura del cine español. Dinamitar la lógica de nuestra tradición realista para reinventar el cine patrio. Un dinamitero recibido a tiros en su tierra, como no podía ser de otra manera.