martes, 23 de agosto de 2011

UN BUEN HOMBRE DE LA TIERRA VERDADERA (HOMENAJE A PEDRO GARCÍA MORENO)


Desde chiquillo, Pedro García Moreno aprendió todos los secretos de la tierra. En La Alfera, la aldea de Molinicos donde nació, aprendió pronto lo que curaban las plantas, lo que traían las nubes o el significado del canto de los pájaros. Era un crío y sus ojos siempre estaban atentos a todo, acompañaba a su padre en la faena en el monte y no perdía ripio de los ritmos biológicos de la naturaleza en la Sierra del Segura. El resto de su sabiduría se formó por sencilla y llana curiosidad. Porque Pedro era un alma inquieta con los ojos asombrados por lo mágico de la tierra en la que creció. Pedro tuvo desde joven la inquietud de plasmar tanto prodigio como veía en su entorno.
Echó barba, se rebautizó así mismo como Pedro Gamo, estudió, leyó mucho, se atrevió con el lienzo, escribió novelas, fotografió animales, catalogó plantas y realizó documentales. Yo siempre le decía en broma que ya sólo le faltaba cantarse unas jotas. Él se reía con sus ojos alegres y tras renegar humilde de algunas de sus actividades, siempre me hablaba de algo nuevo que tenía en mente. Pedro era un artista inquieto que encontró en la divulgación naturalista la manera de expresar todo lo que llevaba dentro y la fuerte impresión que le causaba la Sierra. La naturaleza tiene sus propias leyes y Pedro entendía bien la importancia de respetarlas. Sin soflamas, sin panfletos, sin falsa ideología. Simplemente porque él no conocía otra forma de estar en la naturaleza, sino queriéndola con respeto, como a una persona. Así lo aprendió de sus padres, que ya lo sabían, y sus abuelos y los abuelos de estos y así hasta donde la memoria ni llega. Pedro Gamo lo tenía claro, o se cuida o se pierde y así lo escribió en numerosas publicaciones provinciales y nacionales. Bien lo sabía, tras pasar años combatiendo incendios.
Cuando personas como Pedro se van, no sólo las perdemos sus compañeros o amigos, las pierde la sociedad por completo. Porque durante toda su vida, Pedro fue siempre un hombre de valores, de convivencia, de respeto; un hombre atento a las tradiciones, un hombre justo y pacífico que se fijaba en lo que hay que fijarse y así se lo enseñó a su hijo y a los que le rodeaban. Pedro era un buen hombre de la tierra verdadera.
Pedro Gamo era capaz de sentarse horas en el mismo sitio, camuflado entre los pinos, para conseguir la secuencia fotográfica de la vida cotidiana de una familia de mirlos. Él era así, paciente como un pescador y meticuloso como un buen alfarero. Disfrutó fotografiando y catalogando más de 100 especies de aves de toda Albacete, persiguió con su cámara los mamíferos de los montes, él sabía la historia de los árboles más míticos de la provincia. El trabajo de todo un científico al servicio del conocimiento. Conocía cada camino, cada sima, cada arroyo, cada sitio en la sierra no le era desconocido, pasó su vida recorriendo estos montes. Siempre en la sierra, como Agente Forestal, cuerpo en el que llevaba más de 20 años dedicado con empeño. Para él, la sierra siempre fue susceptible de ser andada, escalada o vista desde un buen risco. Pedro era auténtico como nadie y duro como la caliza. Un superhéroe serrano cuya única flaqueza ha sido el pesado sol de agosto que tantos problemas le causaba.
Pedro Gamo tenía 48 años y se ha ido haciendo lo que más le gustaba, estar en la tierra donde siempre quiso estar. Pedro, nunca te olvidaremos.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi más sincero pésame a los compañeros, y familiares.